FIRAVI, ABIERTO AL FUTURO
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  FIRAVI HISTÓRICO


LA FERIA

FIRAVI, la Feria Técnica de la Viña, el Vino y el Cava, capta el crecimiento estructural del Penedés a favor del sector vinícola catalán y estatal -sobretodo- e internacional, canalizando a través de su potencial de organización las necesidades técnicas que se deriven de la consolidación de los mercados.



FIRAVI atiende a la necesidad de apertura de un acontecimiento propio protagonizado por un sector que cree que es necesario desarrollar un mayor contacto real entre todas las partes implicadas, en todos los procesos de cultivo, producción y elaboración de vinos y cavas. En Cataluña, la falta de iniciativas de esta índole hacen de FIRAVI, aún más, un elemento de primera necesidad.

En Cataluña y desde 1943, FIRAVI goza de experiencia ferial, innovando y aportando en cada edición elementos y recursos tecnológicos que han sido utilizados posteriormente por aquellos que trabajan cada día en la producción de la uva y en la elaboración y distribución de vinos y cavas. El carácter decenal con el que se desarrolló en sus inicios fue modificado en el año 1983, cuando en una profunda reestructuración pasó a tener carácter bienal, originando una nueva etapa y haciendo palpable la necesidad real y perentoria de una herramienta básica como es Firavi. Una iniciativa que reafirma su voluntad de ser una herramienta útil y estable de promoción y difusión de las nuevas tecnologías vitivinícolas, con la adquisición de compromisos firmes de movilización por parte de los estamentos institucionales y agroindustriales que se encuentran implicados en la presencia del sector vitivinícola catalán en los ámbitos nacional e internacional.

FIRAVI es un punto de referencia tanto en cuanto ejerce de plataforma, no tan solo como expositor para realizar presentación física de productos, maquinaria y tecnología punta, sino también como punto de encuentro de negocio, foro de discusión y debate. Existe en FIRAVI una necesidad creada de reunión y encuentro del sector, que prevé y aprovecha la ocasión para ejecutar procesos de intercambio, finalizando muchos de ellos en transacciones.

La más alta pretensión de FIRAVI tiene que ser: procurar que los visitantes disfruten de elementos de calidad, es decir, que aquello que la Feria Técnica de la Viña, el Vino y el Cava les ofrezca sea realmente rentable y un instrumento al servicio del sector vitivinícola.




LA HISTORIA

La referencia más antigua que existe sobre FIRAVI se remonta a un documento del Rey Jaime lll de Aragón, con fecha de diciembre de 1316 -que se guarda en el Archivo de la Corona de Aragón-. Este documento dice que atendiendo al ruego de los próceres y de la Universidad (municipio) de Vilafranca, renueva el privilegio que sus predecesores reales habían concedido.


“Esta feria se tiene que celebrar, como en épocas anteriores, en el mes de octubre, en la fiesta de San Lucas Evangelista, y tiene que durar 15 días consecutivos. Se castigará a los contraventores de esta ordenación con una multa de quinientos morabetíes de oro aplicables al erario público”.

Si tenemos en cuenta que se “renueva el privilegio de sus predecesores reales” y que la feria “había caído en desuso“ podemos afirmar que nuestro FIRAVI ya se celebraba mucho antes de 1293 y que, por tanto, tiene más de siete siglos de antigüedad. Naturalmente, aquellas manifestaciones no son comparables a las actuales, pero, con toda probabilidad, se adaptaban perfectamente a las circunstancias del momento.

No obstante, los verdaderos creadores de la primera Feria del Vino de esta época moderna pueden contarse con los dedos de la mano y el verdadero promotor y artífice, al menos inicialmente, fue Cristóbal Mestre Artigas, que había sentenciado “que para que la Feria tenga éxito hace falta encontrar hombres”.

Era urgente encontrar la persona que llevara el timón de un certamen que tanto podía conseguir un éxito inesperado como un fracaso total. Europa estaba inmersa en la guerra y la situación de España no era mucho mejor, ya que su guerra civil todavía humeaba. Otro factor influyente era que aquella manifestación, por el hecho de ser promovida en gran parte desde el propio Ayuntamiento, tenía un cierto un cariz político, en una época en la que todo estaba politizado. Aunque no era fácil encontrar al hombre. Antoni Güell Cortina tendría encima de sus espaldas la tarea de dirigir el certamen, para llevarse al final el éxito o el fracaso.

Y el tropezón inicial no se hizo esperar. Las primeras gestiones para celebrar la Exposición y Feria Oficial de la Viña y del Vino resultaron una gran decepción: la solicitud al Ministerio fue denegada, dando como solución-respuesta que se celebrase dentro de la Feria de Muestras de Barcelona.

Antoni Güell se trasladó a Madrid y no solo regresó con el permiso de la feria sino que además se presentó con un coche, concretamente un Topolino, un vehículo prácticamente imposible de obtener en aquella época, destinado a captar fondos para la organización.

El primer certamen se celebró en el Parque Tívoli, entre el 10 de octubre y el 1 de novembre de 1943, con la participación de 94 expositores y con una superficie de exposición de 11.000 m2. Los datos oficiales presentaban unas cifras de 60.000 visitantes. Esos mismos visitantes podían adquirir boletos para el sorteo del Topolino, lo cual contribuyó a positivamente al presupuesto de aquella histórica primera edición.

   
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